Si estáis organizando un viaje por las Visayas, en el centro de Filipinas, seguro que os habéis topado con Boracay. A esta pequeña isla de apenas 10 km² la apodan constantemente como «la Ibiza de Asia». ¿La razón? Dicen que es el destino donde nunca se duerme, famoso por combinar playas paradisíacas de catálogo con un ambiente nocturno brutal.
Pero tras pasar dos días explorándola de arriba a abajo, os traemos nuestra experiencia sincera: lo mejor, lo peor, los precios reales y esos trucos que necesitáis saber para que no os timen.
La odisea de llegar: Tasas y triciclos
Llegar no es difícil, pero requiere paciencia. Volamos desde Cebú hasta el aeropuerto de Caticlan, que está pegado a Boracay. Desde allí, hay que coger un ferry de un trayecto cortito de 10-15 minutos.
¡Ojo en el puerto! Para subir al ferry hay que pagar obligatoriamente tres tasas distintas: la tasa medioambiental, la tasa turística (tourism fee) y el billete del barco. En total desembolsamos unos 550 pesos (algo menos de 10 €). Hay algunos turoperadores que te cobran más por comisión, o por llevarte al alojamiento; ¡ve directamente al puesto oficial del puerto!
Una vez en el puerto de Boracay, hay dos opciones para ir al hotel:
- La cómoda: Tomar un triciclo privado por 250 pesos.
- La mochilera: Subirnos a un triciclo compartido. Nos costó solo 50 pesos (menos de 1 €) y nos llevó por la calle principal; lo único malo es que tarda más porque va dejando a otros pasajeros.
Tip sobre las motos: En otras islas de Filipinas alquilar una moto cuesta 300 o 400 pesos al día. ¡En Boracay es un timo! Debido al exceso de turismo piden hasta 1.000 pesos al día (el triple o cuádruple). Nuestra recomendación es que os olvidéis de las motos y os mováis en los triciclos locales, que sale muchísimo más barato.


White Beach: El paraíso dividido en 3 «Estaciones»
Es la joya de la corona y, durante muchos años, ha sido catalogada como una de las playas más bonitas del mundo. Son 4 kilómetros de una arena blanca tan fina que parece harina, bañada por aguas de un color turquesa irreal. Esta inmensa playa se divide en tres zonas bien diferenciadas:
- Station 3 (La zona local): Está pegada al puerto. Es la parte más tranquila, relajada y donde se respira un ambiente más isleño y tradicional.
- Station 2 (El epicentro de la fiesta): Aquí es donde hace honor a su nombre de «La Ibiza de Asia». Está repleta de bares, discotecas en la playa, DJs en directo y mucho movimiento. Si buscáis marcha y ron-cola, este es vuestro sitio.
- Station 1 (La zona Premium): Está llena de resorts de lujo, villas exclusivas y hoteles muy caros.
Detrás de Station 1 (fuera de la playa white beach) encontramos playas más apartadas y escondidas donde los precios de los alojamientos son mucho más asequibles. Así que, aunque Boracay tiene fama de ser una isla de lujo, encontramos opciones para todo tipo de presupuestos.
El lado oscuro de White Beach: Sostenibilidad y Algas
Recibir más de 2 millones de turistas al año en una isla tan diminuta pasa factura. El exceso de turismo provocó que en 2018 el gobierno tuviera que cerrar la isla por completo durante meses debido a la contaminación y problemas con aguas fecales. De ahí que ahora cobren tantas tasas ecológicas al entrar.
Además, si viajáis entre febrero y mayo, tenéis que saber que coincide con la Algae Season (temporada de algas). White Beach se llena de un manto verde de algas que puede llegar a decepcionar. Son totalmente inofensivas y nos pudimos bañar igual, pero le quitan ese aspecto de postal caribeña.
Diniwid Beach
Si os agobia la masificación de White Beach, podéis ir caminando hacia el norte por un sendero pegado a las rocas hasta llegar a Diniwid Beach. Es una playa mucho más pequeña, íntima y tranquila, ideal para tomar el sol y ver el atardecer con menos gente alrededor.
Como nos gusta explorar, en uno de los extremos de Diniwid encontramos un acceso no en muy buen estado que sube por unos acantilados de piedra. Allí descubrimos las ruinas abandonadas de lo que parecía haber sido un hotel o resort de lujo con pasarelas sobre el mar, que da una vibra muy a lo Indiana Jones. Nos pareció un rincón curioso y un puntazo para ir a tomarse una cerveza con vistas al mar.

Bulabog Beach
Cruzando al otro lado de la isla caminando (nos costó solo 20 minutos cruzarla de costa a costa), llegamos a Bulabog Beach. Esta playa es el polo opuesto a White Beach: aquí no vinimos a tumbarnos en la toalla, vinimos por la aventura. Debido al fuerte viento y el oleaje, está plagada de cometas y gente haciendo Kitesurf y Windsurf. Es todo un espectáculo ver cómo vuelan sobre el agua sin enredarse entre ellos.
Gastronomía, Marketing y Fiesta
Boracay se ha vuelto tan turística que sentimos que ha perdido casi toda su esencia local. Encontramos varios centros comerciales integrados y restaurantes de comida de todo el mundo: china, india, española… Lo cual está genial si sois «especiales» con la comida, pero alejado de la gastronomía Filipinas auténtica y a unos precios elevados.
Fuimos a probar los batidos de Jonah’s Fruit Shake, un local famosísimo del que dicen que sirve «los mejores smoothies de fruta». Nos pedimos el de Mango-Melón y el de Banana-Chocolate-Cacahuete. No lo vamos a negar, estaban buenísimos y son muy densos (el de cacahuete llevaba trozos triturados naturales), pero cuestan unos 200 pesos (el doble de lo normal en Filipinas). En nuestra opinión, saben exactamente igual que los que te puedes tomar por 90 pesos en cualquier puesto callejero; creemos que es más una cuestión de buen marketing que otra cosa.


¿Es realmente la Ibiza de Asia?
Si por algo destaca Boracay por encima de cualquier otro rincón de Filipinas es, sin duda, por su vida nocturna. Al caer el sol, especialmente en Station 2, la playa de White Beach se transforma por completo. Encontramos una amplia selección de locales, pubs, discotecas y chill-outs con música en directo o DJs donde poder ir a cenar, beber y bailar.
Tuvimos claro desde el primer momento que, en comparación con el resto del país, esto no es nada típico. En la inmensa mayoría de las islas filipinas, la vida es muy diurna: a las diez de la noche todo está cerrado y el plan es descansar para madrugar al día siguiente. Boracay rompe totalmente ese esquema, y de ahí viene su famoso apodo.
Una de las actividades más populares al atardecer son los enormes barcos de fiesta para ver el sunset. Hay opciones para todos los bolsillos: desde barcos sencillos por unos 10 € (700 pesos) con un cóctel incluido, hasta catamaranes premium con toboganes directos al agua y barra libre.
Por eso, si lo que vais buscando en vuestro viaje es fiesta, buen ambiente nocturno y conocer gente, este sí que puede ser un gran sitio para vosotros dentro de Filipinas. Ahora bien, siendo totalmente honestos, tampoco os esperéis nada del otro mundo. Si estáis acostumbrados a la fiesta europea o a las noches latinas, la música y el ambiente de aquí se os pueden quedar un poco flojos o comerciales, no deja de ser una fiesta muy enfocada al turista internacional y con precios un poco excesivos. Está bien para salir un par de noches y tomar algo, pero personalmente no viajaría hasta aquí solo por su vida nocturna.
Conclusión: ¿Merece la pena incluir Boracay en vuestro viaje?
Para nosotros, con 2 días en Boracay tuvimos más que suficiente. Creemos que es una isla más enfocada al viaje en grupo de amigos que en pareja, con una playa bonita, sitios para salir de fiesta por la noche, deportes de viento o simplemente si buscáis unos días de descanso total en un buen resort de playa con mayores comodidades internacionales.
Sin embargo, si lo que buscáis es una experiencia filipina auténtica, mochilera, salvaje y con naturaleza virgen, ese agua turquesa y esa arena blanca las vais a encontrar en muchas otras islas del país sin sufrir las aglomeraciones ni los precios inflados de Boracay. ¡Vosotros decidís si encaja en vuestra ruta!
A Todo Travel 2026

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